Claves para un cambio de vida.




Siguiendo este blog nos vamos dando cuenta de cómo está el mundo. Pero el mundo, la sociedad, no es sino la extensión del individuo. Como secuencia de ésto, deducimos que siguiendo este blog nos vamos dando cuenta de cómo estamos nosotros. 

En realidad no hay mucho interés por parte de la mayoría de la gente en cambiar, siendo que sólo cambiando internamente podemos cambiar el entorno que nos rodea.

Existe un axioma piscológico que explica cómo lo que nos rodea es un espejo de lo que interiormente cargamos. De hecho, somos como un imán que atrae las diversas circunstancias de la vida. Ésto es fácil de entender con ejemplos:

¿Que tipo de circunstancias atrae un jugador compulsivo? ¿y un usurero? ¿y una persona violenta?
Y por el contrario:

¿ Qué tipo de circunstancias atrae una persona trabajadora y honesta ?

Es obvio que cada uno de estos perfiles psicológicos, por su propia naturaleza interior, atrae circunstancias afines.

ESTA ES LA CLAVE PARA CAMBIAR NUESTRA VIDA:  Cambiando interiormente cambiarán los eventos y circunstancias que nos rodean. 

Es mucho lo que nos quejamos, son muchas las veces que desearíamos no cometer ciertos errores pero no somos capaces de dejar de cometerlos, con todas las consecuencias que dichos errores nos acarrean.

Pero es imposible no cometer dichos errores si no eliminamos primero de nuestra psiquis sus causas. No basta con tener buenas intenciones, no es suficiente con decir: "no lo volveré a hacer más" porque si seguimos cargando en nuestra psicología la causa que ocasiona el error, cada vez que se den las circunstancias apropiadas en el escenario de la vida diaria, volveremos a actuar de la misma manera, reaccionaremos una y otra vez del mismo modo, arruinando nuestra vida, nuestras amistades, nuestro matrimonio, nuestro trabajo, ocasionándonos enfermedades y generando de ese modo un círculo vicioso del que no podemos salir.

Es algo parecido a la medicina. Si tratamos los síntomas, la enfermedad no desaparecerá. En términos de psicología, dichos síntomas son la manifestación de nuestros defectos que nos hacen cometer los errores.


Ahora bien, ¿COMO PODEMOS ELIMINAR LAS CAUSAS DE NUESTROS ERRORES?
Es muy sencillo y muy dificil al mismo tiempo.


Hay que empezar estableciendo el hecho de que no tenemos una unidad psicolócia. Al contrario que nuestro cuerpo, que funciona como un todo perfectamente organizado, nuestra mente es algo disperso, que funciona sin control alguno. Y si quieren probarlo, simplemente cierren los ojos un ratito y traten de dejar la mente en blanco. ¡ A que no pueden ! La mente seguirá pensando innumerables cosas, más allá de nuestros esfuerzos por mantenerla calladita. ¿Comprenden que la mente funciona de manera ajena a nuestra voluntad ?

Sería mucho mejor concebir nuestro espacio psicológico como "una multiplicidad", como si muchos "YO" habitasen en nuestro interior. Y cada uno de esos "YO" hace y deshace lo que quiere sin importar cuales sean nuestras intenciones. Veamoslo con unos ejemplos:

En un momento determinado, el "YO" de la ira surge y nos enojamos terriblemente. En otro momento, el "YO" del deseo sexual desplaza al de la ira manifestándose intensamente en nosotros la líbido sexual. Más tarde el "YO" de la gula desplaza al anterior, abrimos la heladera e ingerimos una enorme cantidad de calorías innecesarias.

Y así continuamente, de instante en instante, día a día en nuestra vida cotidiana.

Pero lo más trágico de todo ésto es que creemos que "somos nosotros" quien hace todas esas cosas, sin darnos cuenta de la absoluta falta de control que tenemos sobre nuestros procesos psicológicos internos, sin entender que desde el punto de vista psicológico no somos "uno", sino "muchos", sin comprender que no somos más que pobres marionetas movidas por los hilos invisibles de nuestros propios defectos


Para detener ese alocado proceso psicológico, lo primero que debemos hacer es "observarnos a sí mismos", vivir de instante en instante "atentos" a todo lo que sucede en nuestro interior, pensamientos, emociones, impulsos, etc. Al principio se torna tremendamente dificil ya que nuestra atención se va a ver desviada continuamente de dicho propósito, porque los mismos "YO" que les explicaba toman continuamente el control de "nuestra máquina" Pero con paciencia, con tenacidad, poco a poco vamos desarrollando ese sentido de la auto-observación,  tan atrofiado por falta de uso.

Así, llegaría un momento en el que "auto-observar" lo que pasa dentro de nosotros se convertiría en un estado natural. Podriamos ver a todos esos "YO" en acción de instante en instante, haciendo de nuestra vida lo que quieren sin importar las consecuencias.

¿Quien creó esos múltiples "YO" dentro de nosotros?  Los creamos nosotros mismos y los alimentamos y fortalecemos al identificarnos con ellos como si fueran nuestro real y auténtico "YO". En este punto, me gustaría  referirme a nuestro auténtico y verdadero "YO" como "NUESTRO REAL SER" , para diferenciarlo de la legión de defectos que forman el YO pluralizado.

Y puesto que fuimos nosotros quienes dimos origen al YO pluralizado, nos toca a nosotros llevar a cabo el trabajo de su eliminación. Bueno, eso si nos interesa cambiar de vida. Si nos sentimos agusto así, como estamos, sumidos en este sueño profundo de la conciencia, que de forma colectiva es la causa de todos los males del mundo, entonces no hay nada que hacer. Para cambiar internamente, es imprescindible sentir la imperiosa necesidad del cambio.

Vamos a hablar ahora de la manera de trabajar sobre el "YO" o mejor digamos "los YOES"

Por medio de la ya mencionada auto-observación, descubrimos dichas entidades psicológicas en el mismo momento en que se manifiestan a través nuestro. Pues bien, cada vez que descubrimos alguno de esos invasores de nuestra psiquis en acción, debemos comprender profundamente por qué está ahí, qué resortes íntimos producen su manifestación, cual es su origen, cual es el daño que nos causa.


Comprender ésto, no es algo superficial, ya que nuesta psiquis es como un iceberg, sólo somos conscientes de la parte del iceberg que se ve. El resto, lo que está sumergido, corresponde a nuestro inconsciente. Debemos comprender nuestros defectos no solo en los niveles superficiales de la mente, sino profundamente. Y para eso hay que saber meditar. Sólo en profunda meditación podemos llegar a penetrar en las profundidades de nuestro sub-consciente y ver el defecto en cuestión en toda su magnitud.

La meditación en sí misma es un tema que excede a este artículo, por lo que hablaremos de ello en otra ocasión.  Por ahora, es suficiente que comprendamos lo hasta aquí expuesto, que reflexionemos sobre el hecho de que nuestra conciencia duerme profundamente hipnotizada por el "YO pluralizado" y que solo acabando con éste, podemos liberarla (a nuestra conciencia) y así despertar del estado hipnótico en el que nos encontramos.

Si  ese despertar llegase a suceder, nos transformaríamos radicalmente, nos convertiríamos en seres abolutamente distintos a lo que ahora somos, y por ende, nuestra vida cambiaría drásticamente.
Daniel Moreno Rodriguez 394305®
NO PODEMOS CAMBIAR AL MUNDO, 
PERO PODEMOS CAMBIAR NOSOTROS MISMOS.






El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona.

Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.




Carpe diem "Aprovecha el día".
Horacio (Odas, 1.11.8). Expresión que hace referencia a la fugacidad del tiempo y, en consecuencia, a la necesidad de aprovechar cada momento de la vida.



2 comentarios:

  1. En diferentes momentos de mi vida he recibido esta información, que siempre he considerado valiosísima. Pero jamás he conseguido continuidad en mi auto-observación ¡Tan fuertes son los yo-es que mencionas!

    Te agradeceré si en breve pudieras profundizar en este primer estadio del largo camino, pues sin este primer paso no llegan los demás.

    Gracias de antemano desde un pueblecito de Segovia.

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  2. Muchas gracias por tu comentario. Son los/las comentarios de los lectores/as lo que animan a seguir escribiendo.
    Por supuesto que continuaré intercalando posts relacionados con la psicología del despertar.

    Un abrazo desde el otro lado del océano de un madrileño emigrante.

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